Emisiones de los centros de datos de IA alcanzan niveles comparables a Nueva York
Los centros de datos IA emisiones CO2 han alcanzado en 2025 niveles comparables a los de la ciudad de Nueva York, según un nuevo estudio que analiza el impacto ambiental específico de la infraestructura que soporta sistemas de inteligencia artificial. El informe estima que las operaciones vinculadas a IA podrían haber generado entre 32,6 y 79,7 millones de toneladas de dióxido de carbono durante el año, una cifra similar al total de emisiones de carbono de Nueva York en 2023 (aproximadamente 52,2 millones de toneladas).
Este análisis destaca que la expansión acelerada de la inteligencia artificial eleva la demanda energética de los centros de datos, cuyos servidores requieren grandes cantidades de electricidad continua y sistemas intensivos de refrigeración que dependen en muchos casos de fuentes fósiles. Además de las emisiones de CO₂, los datos sugieren que estas instalaciones han consumido cientos de miles de millones de litros de agua, superando incluso el volumen anual utilizado por la industria mundial del agua embotellada.
Presión sobre recursos y llamadas a la transparencia
La huella ambiental atribuida a los centros de datos dedicados a IA está llamando la atención de expertos y activistas, que subrayan la necesidad de mayor transparencia por parte de las compañías tecnológicas. Actualmente, muchas empresas no desglosan de forma clara el consumo energético y las emisiones específicas de sus operaciones de IA, lo que dificulta evaluar con precisión el impacto total.
Este debate se produce en un contexto en el que la demanda de electricidad de los centros de datos crece con rapidez y se prevé que seguirá aumentando en la próxima década. Organizaciones como la Agencia Internacional de Energía (IEA) advierten que la necesidad eléctrica de estas instalaciones podría duplicarse hacia 2030, lo que intensificaría aún más la presión sobre las redes eléctricas y los recursos naturales si no se acelera la transición hacia energías limpias y prácticas de eficiencia energética.
En conjunto, los datos ponen de manifiesto un aspecto menos visible del auge de la IA: su impacto ambiental directo, que va más allá del software y los algoritmos para incluir la infraestructura física que alimenta la tecnología en todo el mundo.