La vigilancia con IA en baños escolares ha comenzado a implementarse en algunos distritos educativos de Estados Unidos en 2025, generando rechazo creciente entre alumnos, padres y expertos en derechos. En centros como Beverly Hills High School, las autoridades han instalado sistemas de supervisión basados en inteligencia artificial, incluidos sensores de audio integrados en las paredes de los baños, además de cámaras con análisis de conducta y drones que cubren todo el campus.
Los responsables del distrito defienden estas medidas como parte de un esfuerzo por aumentar la seguridad en las escuelas urbanas, donde perciben amenazas constantes. El superintendente declaró que están dispuestos a usar “seguridad armada, drones, IA y lectores de matrículas” para proteger tanto al alumnado como al personal, y señaló que los sistemas detectan “múltiples amenazas al día”, aunque no especificó la naturaleza de esas amenazas.
Críticas por privacidad, errores y confianza
Aunque el despliegue de vigilancia con IA en baños escolares está vinculado a la intención de prevenir violencia y otros comportamientos peligrosos, la medida ha alarmado a grupos por sus implicaciones sobre la privacidad y la dignidad de los estudiantes. La inclusión de sensores y dispositivos de monitoreo en espacios tradicionalmente privados amplía el alcance del control tecnológico de forma preocupante, según críticos. Expertos en políticas de privacidad señalan que este tipo de sistemas puede erosionar la confianza y el bienestar de los estudiantes, dificultando que se comuniquen con profesores sobre problemas sensibles.
Los sistemas automatizados también han mostrado errores significativos en otros contextos educativos: en varios distritos, la IA destinada a identificar comportamientos sospechosos ha confundido objetos inofensivos con amenazas, como interpretar una bolsa de aperitivos o un clarinete como un arma, provocando respuestas de emergencia innecesarias. Este tipo de falsos positivos evidencia los desafíos técnicos y las posibles consecuencias negativas de aplicar inteligencia artificial sin regulaciones claras ni supervisión humana robusta.
La expansión de la vigilancia escolar mediante IA plantea un debate amplio sobre cómo equilibrar la seguridad con la protección de los derechos individuales y la privacidad de los menores, en un momento en que las herramientas tecnológicas tienen cada vez más presencia en espacios educativos.